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lunes, septiembre 28, 2020

Padre Demetrio Bravo, el “Cura del Pueblo” de Melipilla

MELIPILLA.- Este martes 18 de agosto se conmemora un año más del nacimiento de José Demetrio Bravo Santibáñez, el “Padre Demetrio Bravo”, conocido sacerdote melipillano que dejó una huella imborrable en miles de melipillanos que compartieron con él y conocieron su enorme vocación y el incansable trabajo que desarrolló en la comuna, destacando la labor que realizó en la población Chacabucanos (conocida actualmente como población Padre Demetrio Bravo).

Al conmemorar 116 años desde su nacimiento, queremos recordar al Padre Demetrio Bravo en la voz de ciudadanos, comunes y corrientes, vecinos melipillanos, que compartieron con este cura en alguna etapa de su vida.

El Padre Demetrio, un Cura Pobre en Apariencia y Rico en Oración

El Padre Demetrio Bravo realizó sus estudios en el Colegio San Agustín. Fue a una avanzada edad cuando se ordenó como sacerdote, siendo párroco en Las Condes, Lampa, Melipilla y Puangue. Fue el gestor de la construcción de la Capilla Sagrado Corazón de Jesús, ubicada en la Población ex Chacabucanos y la Iglesia Sagrada Familia de Melipilla, y creó una hospedería, que hoy lleva su nombre.

Carmen Gloria Vera es dueña de casa, trabaja en un jardín infantil como manipuladora de alimentos y es agente pastoral. Ella vivió en la población Chacabucanos y nos contó cómo conoció al Padre Demetrio: “Yo tenía 7 u 8 años, lo recuerdo siempre porque llegaba a la población Chacabucanos, un barrio con pasajes de tierra, un puro peladero, porque era muy poquita la gente que vivía ahí, no era tan grande como lo es actualmente, y él llegaba en su autito, y llegaba con dulces, y nosotros nos acercábamos a recibir esos dulces, y fue así como conocí al cura pobre, en su apariencia, pero riquísimo en oración y cercanía al Señor”.

Por su parte, el Diácono Belarmino Riquelme recuerda sus primeros encuentros con el Padre y cómo se gestó el inicio de la Parroquia Sagrada Familia: “Yo soy de San Antonio, y me vine a Melipilla en busca de trabajo a inicios de la década del 70, y ahí conocí al Padre Demetrio, cuando era párroco de la Sagrada Familia, pero era párroco interino porque no teníamos parroquia, y en ese tiempo fue cuando se donó el terreno al Padre Demetrio, que son cerca de 3.000 metros cuadrados, para que él, a través de sus contactos, pudiera levantar la parroquia Sagrada Familia”, nos señala Belarmino, quien lleva más de 30 años de diaconado, y que actualmente lo ejerce en la Parroquia Sagrada Familia de Melipilla.

Todo el mundo conocía al Padre Demetrio, él era como el (Michael) Schumacher melipillano, los conductores de los autos lo veían y ellos se hacían a un lado para dejarle el espacio a él.

Sandro Rojas es otro vecino que compartió con el Padre Demetrio y nos contó detalles acerca de su personalidad: “Podría decir que era un hombre decidido y entregado a su labor, siempre buscando estar donde era requerido y también dispuesto ante los cambios como fue dejar la parroquia y partir a la comunidad de Puangue”.

Quién también conoció de cerca al Padre Demetrio fue Juan Ricardo Hormazábal, quien ofició como secretario y chofer del cura entre los años 1987 y 1989: “Los primeros días con él no fueron fáciles, el tener que acostumbrarme a sus aceleradas decisiones con respecto al conducir su Fiat 600, me pedía que me estacionara donde no debía o hiciera un viraje en U en plena Avenida Vicuña Mackenna. Así llegué a vivir a la Parroquia Sagrada Familia y empezamos a tener una vida de comunidad, donde compartíamos diariamente la oración y actividades pastorales, acostumbrándome a su ritmo”.

Asimismo, Carmen Gloria Vera también recordó la forma de ser del Padre: “Él era muy divertido, para él no habían obstáculos, yo creo que esa era una de las cosas más valiosas que recuerdo de él, era como ese cura que se proponía algo y lo lograba, él se propuso hacer una iglesia en la Demetrio Bravo, que está a la entrada de la población, y la hizo. Todo el mundo conocía al Padre Demetrio, él era como el (Michael) Schumacher melipillano, los conductores de los autos lo veían y ellos se hacían a un lado para dejarle el espacio a él”.

El Día a Día del Padre Demetrio

El Padre Demetrio Bravo era un hombre de estatura pequeña y longeva, que nació en una familia acomodada de la zona, su familia tenía una feria de remates de animales, donde fue martillero. Fue hermano de Roberto Bravo Santibáñez, destacado alcalde de la comuna de Melipilla, el cual da su nombre al Estadio Municipal de la ciudad, y de Corina Bravo, quien tuvo una activa participación en la Cruz Roja, y que en la actualidad da el nombre a una población de la ciudad. En el año 1950, a los 46 años de edad, Demetrio Bravo fue elegido regidor (actual concejal) por Melipilla, cargo que nunca llegó a ejercer ya que ese mismo año ingreso al Seminario. La gente lo recuerda por su caminar acelerado, con la sotana desgastada por el uso, o conduciendo raudamente su Fiat 600, poniendo su vida en las manos de Dios.

Su exsecretario y exchofer, Juan Ricardo Hormazábal, nos relató más detalles sobre la cotidianeidad del Padre: “Él se levantaba tempranamente y se iba a la Iglesia a rezar ante el Santísimo, cuando terminaba había una fila de personas esperándolo, especialmente mujeres de la población Chacabucanos, a todas les entregaba una moneda, pero a los varones les pedía que fueran a buscar trabajo al campo, especialmente en época de labores agrícolas. A través de sus contactos conseguía insumos para las ollas comunes que funcionaban en los Chacabucanos, semanalmente yo iba a buscar huevos y pollitos de grano para los comedores, o leche, harina y alimentos, que distribuíamos en esa población”.

Cierta vez se consiguió zapatos para los niños Chacabucanos y se fueron a repartir, la orden era para todos los niños, y una señora le dice a quién repartía, que a la familia tanto no le den porque eran evangélicos, pero la respuesta fue categórica, es para todos.

El Diácono Belarmino Riquelme recuerda momentos en que el Padre Demetrio se encontraba almorzando y recibía visitas: “Dejaba el plato de comida ahí y se paraba a atenderlo, fuera rico o fuera pobre lo hacía pasar al comedor. Él salía a visitar las casas, a los enfermos, siempre andaba preocupado de la persona, salía a trabajar a la Chacabucanos que era una población muy pobre, y yo lo acompañaba, también íbamos al campo, a Pomaire, El Tránsito, Rumay, San José”.

La Despedida

El día 03 de agosto del año 1993 falleció el Padre Demetrio Bravo, una persona humilde, sencilla, que fue capaz de entrar en el corazón de los melipillanos de esa época, y que logró sus objetivos de construir una Iglesia y una Casa de Acogida para los más necesitados.

Juan Ricardo Hormazábal recuerda con emotividad ese momento: “El día de su funeral recuerdo que yo trabajaba en un Colegio donde autorizaron a todos los profesores a que fuéramos a despedir al Santo de Melipilla, Padre Demetrio Bravo. Aquel día de inicios de Agosto el pueblo se paralizó y despidió a su padrecito de la sotana negra, Monseñor José Demetrio Bravo Santibañez”.

Asimismo, Carmen Gloria Vera recuerda la multitud de gente que salió a las calles a despedir al Padre Demetrio: “Yo recuerdo que ese día cuando nos avisaron (de su fallecimiento), inmediatamente en la capilla de la población se sacaron parlantes con música de reflexión y se hablaba del Padre Demetrio, hasta que él llegó, pasadito las 7 de la tarde. La capilla se convirtió en una capilla ardiente, filas de gente para poder verlo y despedirse de él. Al día siguiente, se hizo su misa de despedida y se le trasladó caminando al Cementerio Municipal”, agregando que “era un mar de gente en las calles, los negocios con sus cortinas cerradas, y todo el mundo despidiéndolo con sus pañuelitos blancos, la gente de la calle, y era un fervor que yo hasta el momento no recuerdo haber visto otro funeral igual acá en Melipilla”.

El Legado del Padre Demetrio

Ya han pasado 27 años desde el fallecimiento del Padre Demetrio Bravo Santibáñez y, sin duda, el que aún se siga hablando de él y se recuerde su labor, demuestra la huella imborrable que dejó en los corazones de miles de melipillanos.

Si bien es cierto, con su humildad, el Padre Demetrio Bravo nunca esperó un homenaje por su labor, el día 23 de septiembre del año 2005 se publicó la Ley que autoriza erigir un monumento en la comuna de Melipilla, en memoria del Padre Demetrio, algo que nunca se ha concretado.

Sobre su legado, Sandro Rojas, nos cuenta como le gustaría que recordaran al Padre: “Como un sacerdote que tenía esa visión más allá de muchos, que andaba por las calles, que se preocupaba por construir lugares de culto, porque creaba grupos de servicio y misión, que era capaz de mover comunidades religiosas que participaron con él en el desafío de estar en medio de los pobres, que movió el corazón de varios amigos que lo ayudaron en su proyecto más presente en la Chacabucanos, como es la Casa del Padre Demetrio, puedo decir que cada cosa hecha por él era capaz de mover el corazón de muchos”.

Él era un cura de pueblo, un cura de verdad, un cura aperrado.

Por su parte, Juan Ricardo Hormazábal retrata con un ejemplo la bondad y cariño del Padre Demetrio hacia el prójimo: “En la acción solidaria y social nunca hizo distinción de credos, cierta vez se consiguió zapatos para los niños Chacabucanos y se fueron a repartir, la orden era para todos los niños, y una señora le dice a quién repartía, que a la familia tanto no le den porque eran evangélicos, pero la respuesta fue categórica, es para todos”.

Carmen Gloria Vera destacó la fe del Padre para lograr sus objetivos: “Yo creo que la historia del Padre Demetrio va a trascender por generaciones. A mí me gustaría que lo recordaran como un cura de fe, que su fe movió muchas montañas, su fe construyó una iglesia y me encantaría que algún día le hicieran un monumento acá en Melipilla, que hubiera un espacio donde poder verlo, que la gente lo recordara como un cura de los pobres”.

“Cuando él hizo Las Cruzadas, que era un grupo de niños, jóvenes y adultos, él nos enseñó siempre tener presente el amor al prójimo, que si tú tienes a Cristo, no puedes tenerlo sólo para ti, tienes que compartirlo, y cuál es la forma de compartir, buscándolo en el más pobre, en el más necesitado, no en el que anda de punta en blanco, sino que buscarlo en el otro, en el que anda con sus vestiduras sucias, el que anda harapiento, en el que tiene hambre, ahí es donde estaba Cristo, eso nunca se me olvidó. Él era un cura de pueblo, un cura de verdad, un cura aperrado”, detalló esta vecina melipillana.

Finalmente, Belarmino Riquelme señaló: “Lo recordamos a través de una calle, la Avenida Padre Demetrio, también la Casa de Acogida que lleva su nombre, y la gente acá, con la que he podido conversar, quieren nombrarlo para la Santidad, para que sea un Santo de Melipilla”.

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