10.8 C
Melipilla
jueves, diciembre 1, 2022

María Pinto y el Patrimonio como problema. En la búsqueda de una participación efectiva

Ante tanto fervor y efervescencia de lo cultural bien vale una mirada al discurso de la participación y la multivocalidad, en este caso a partir de una reflexión en torno a lo patrimonial.

bruno jimenez colEn el marco esta discusión, no son pocas las voces que comienzan a preguntarse por las efectivas instancias de participación, por la real capacidad de gestión de la comunidad y por la incidencia vinculante de la población no-especialista. De ahí la necesidad de cuestionar también el rol de las políticas de Estado, el quehacer de investigadores, científicos, intelectuales y de la joven y difusa figura del(o la) “gestor(a) cultural”, en tanto responsables o en directa relación con el estudio y administración de los bienes llamados patrimoniales.

Y es que una estructura gubernamental que con alarde pregona la diversidad cultural y la multivocalidad, requiere de profesionales de la cultura para gestionar sus intereses, para mantener un status quo en el que todo se patrimonializa (material o inmaterialmente, cosa rara)  o no existe. Por eso la importancia del folklore, de las singularidades pintorescas, del eventismo, todas muestras de una política de la cosificación de lo cultural, en que a estos fenómenos insertos en procesos sociales amplios se los restringe y aparta a un plano secundario, pero llamativo, a modo de mercancías que entonan fluidamente con las iniciativas del neo-turismo. Así, esto del patrimonio, calza perfectamente con el mercado de lo cultural; y su gestión, con la administración de recursos. De paso se oscurece una realidad de exclusiones y control de lo que entra o no en el repertorio de estas diferencias, desaparece el conflicto en un panorama de armonía intercultural aparente.

[Sólo a modo de recordatorio: el presupuesto en cultura en Chile para este año 2014, fue del 0,4% del erario nacional. Al menos a nivel de estructura país, parece que la propaganda del boom cultural se desvanece en el aire, en cuanto a proyecto político profundo].

En un rincón apartado de nuestra provincia, María Pinto, y debido a una intensiva actividad agrícola, emergen desde los campos miles de fragmentos de épocas pasadas, cerámicas pintadas, herramientas de piedra, huesos. Son el clásico objeto de estudio de la arqueología. La comunidad sabe de estos vestigios, algunos los coleccionan en estantes, otros conviven a diario con estos en sus trabajos cotidianos de siembra y cosecha. En el diálogo con la comunidad, es clara la desinformación respecto a los avances del conocimiento académico respecto a la prehistoria regional y local, también el temor a esa ley que protege dichos objetos. De ahí que este saber, esta relación permanente con la historia temprana de la comuna, se guarde con celo, o derechamente se vuelva a enterrar para no tener problemas.

Y este patrimonio arqueológico ¿Tiene algo que ver con la historia de la comuna? ¿Existe alguna relación con eso de la memoria de los pueblos? ¿Cabe dentro de los supuestos planes de “participación ciudadana”?.

La realidad parece decir que no.

María Pinto, a través de una iniciativa apoyada con interés desde el Municipio, quiso ingresar abiertamente a eso del Patrimonio entendiéndolo como un problema, del que hay que hacerse cargo. Y no como algo dado que hay que identificar, petrificar y difundir: la palomita de Melipilla, el pueblo de los cuatro espíritus, la fotografía de la pobreza como algo nostálgico, la casa de Policarpo Toro, entre otros ejemplos de cosas, personas y lugares escindidos de su historia y presentados como íconos de una identidad poco densa y articulada verticalmente.

A lo largo de este año se han llevado a cabo investigaciones en terreno, detectando nuevos restos arqueológicos, a partir de los datos de la comunidad; es decir, aún en una etapa inicial, el estudio parte de las dudas no-especialistas y en diálogo permanente con la población las traduce a problemas de investigación. Por su parte, se consideró fundamental el trabajo en las escuelas, con niñas y niños desde edad pre-escolar hasta la enseñanza media, a partir de talleres y actividades coherentes con sus intereses y sobre todo, en la búsqueda por introducir nuevos conceptos e ideas respecto a la lejana y ajena idea de prehistoria, para avanzar en cambio a un reconocimiento de la historia de larga data, de la que somos parte.

La idea de la Memoria de las cosas ha permitido reconfigurar el estático panorama de la exposición y difusión de resultados, posibilitando una acción protagónica de investigadores, estudiantes, autoridades y de la población predominantemente campesina. Ese patrimonio naturalizado que se vende en diversos formatos queda ahora en suspenso, se entiende en su complejidad y sujeto a las necesidades y decisiones colectivas, los objetos son re-significados y re-ingresan al flujo de la historia a partir de este cuestionamiento, con la certeza de que pertenecen a la comunidad de la que forman parte. La línea de tiempo tradicional que se nos ha enseñado pierde sentido, a la luz de esta superposición de temporalidades, de estas huellas materiales que caen de las repisas de los muesos para volver al torrente cambiante de la configuración identitaria, recordándonos las continuidades, contactos y rupturas de los procesos sociales, en estos sitios habitados y cargados de historias desde hace miles de años.

Bruno Jiménez Belmar

Lic. en arqueología y Magíster(c) en gestión cultural por la Universidad de Chile

Coordinador de proyectos en Casa – Taller Arawi.

 

ÚLTIMAS NOTICIAS