Columna: “Transparencia, elecciones y política: hoy más que nunca, ¡no olvidemos!”

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Ya es inminente, se acerca el día de las elecciones municipales. Mientras observamos el agitado despliegue de las campañas, no podemos desconocer un hecho de gran importancia: la presente elección se lleva a cabo en el contexto de una sostenida pérdida de credibilidad de la política y de los políticos en general, a nivel nacional, de cara a la ciudadanía.

Demasiados hitos, en los últimos tiempos, nos recuerdan lo que ocurre cuando los políticos, de todos los sectores, olvidan que su rol es servir a los ciudadanos: se produce un divorcio entre la visión de mundo, las aspiraciones y las necesidades de la gente, por un lado, y la perspectiva de una élite política que se vuelve cada vez más miope e insensible a estas aspiraciones y necesidades.

En la presente situación de distanciamiento y desconfianza, una elección municipal es una gran oportunidad para que empiece a cerrarse la brecha entre la ciudadanía y los políticos: a diferencia de las grandes esferas de la política nacional, el ámbito municipal permite que exista un vínculo mucho más cercano entre el ciudadano que vota y el político que recibe ese voto. En efecto, en el ámbito municipal, el ciudadano puede seguir de cerca la gestión del político, y pedirle cuentas de manera directa; en el ámbito municipal, el político no puede mantenerse alejado por cuatro años de las personas a las que en campaña ha ofrecido de todo mirándolas a los ojos; en el ámbito municipal, para decirlo en términos coloquiales, la mentira tiene las patas cortas, y las falsas promesas pueden ser inmediatamente impugnadas por una ciudadanía informada.

De este modo, la presente elección municipal es la instancia idónea para que la política pueda reencontrarse con su rol de servicio ciudadano a partir del nivel más básico, más cercano a la gente, más concreto; para ello, los ciudadanos deben poner en práctica una buena memoria y actuar en consecuencia.

Sólo en vistas a refrescar esa memoria, procedamos a recordar algunas medidas y propuestas de las actuales autoridades municipales. Recordemos, en primer lugar, el voto unánime a favor de la instalación de maceteros en los postes: se trata de un contrato de arriendo de 600 macetas que durará cinco años, por un pago mensual de casi 12 millones de pesos; es decir, un gasto total de más de 700 millones de pesos de las arcas de Melipilla, usados en algo que en ningún caso responde a las necesidades prioritarias de nuestra comuna. Recordemos, en segundo lugar, el tema de los parquímetros: las autoridades nunca llegaron a explicar a la comunidad por qué la empresa a cargo fue favorecida con más tiempo, con más calles y con el derecho a cobrar más caro por el derecho a estacionamiento. Recordemos, en tercer lugar, el abandono en que se encuentra la histórica piscina municipal, algo a todas luces incomprensible, considerando que muchas familias melipillanas no pueden optar a espacios cercanos de recreación.

En cuarto lugar, recordemos los viáticos nunca aclarados a raíz de los viajes de nuestros concejales a otras ciudades de Chile y al extranjero: dado que en nuestra ciudad no sobra el dinero, gastos como este deberían justificarse con todo detalle, suponiendo que se han contraído para adquirir experiencias y competencias que vayan en beneficio de todos, y no sólo de quienes viajaron. En quinto lugar, recordemos que se pagaron cien millones de pesos por un trabajo muy preliminar sobre el plan regulador de la comuna; tan preliminar –o tan incompleto- que la misma autoridad municipal terminó calificándolo como “borrador”.

Ahora que hemos refrescado nuestra memoria, pensemos, una vez más, en cerrar la brecha de desconfianza entre la ciudadanía y la política: para lograrlo, busquemos la transparencia y votemos de manera consciente, más allá de las selfies y de las promesas que se desvanecen en el aire. Melipilla es nuestra tierra y es nuestra casa; cuidémosla y exijamos que la cuiden.

Daniel Domínguez González

Candidato a concejal por Melipilla

 

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